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The Congress, la animación al servicio del arte.

20 junio 2014

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Un congreso en las antípodas, donde el sentido común se queda sin cambio para el café y se desnuda la razón hasta al abismo. El congreso es un lugar donde se mezcla la caricatura de todo privilegio y se entrelaza con la miseria humana, a brochazos de colores entre delirio y alucinaciones.

The Congress es la última película del director Ari Forman, conocido por su anterior trabajo Waltz with Bashir (2008) donde exploraba el uso de la animación fuera del clásico lenguaje que se le asocia. En esta ocasión Forman se basa en un libro de Stanislaw Lem (autor de Solaris) para confabular una película, como poco, singular y muy propia. Y es que una de las características del arte es la libertad creativa, el decir lo que sientes a expensas de los demás, sin más recompensa que uno mismo.  Y The Congress es arte.

El argumento se convierte en un lienzo de fotogramas por segundo donde cruzan y se quedan dibujos de otra década, diálogos propios de oscura ciencia ficción y en el fondo, jugando con las sombras entre bambalinas, una madre que busca a su hijo. Un hilo que atraviesa y junta el todo, la ortografía última del discurso, el único sentido que queda en pie cuando todo lo demás se deforma hermosamente.

Esta road movie psicotrópica cuenta la historia de una madre que por perder, ha perdido hasta el nombre. Ya no es más que una figura, un reflejo de la sombra silueteada que se llevó un contrato millonario. Ya no es, en definitiva. Pero busca lo que le queda, que no es poco, aunque perdido. Y ese camino desde la nada y los puntos suspensivos es la fábula que rodea la película, como un mcguffin con vida propia.

Y a lo largo de su paisaje nos hace testigos de una crítica a un establihsment marcado por la masificación, el arte como producto de masas, donde la alineación y el consumismo se desborda en paletas vivas de colores. Incluso la rebelión es una caricatura demasiado humana, despojadas de todo romanticismo y quedando desnuda en una comedia artificial, tanto, que nos resulta real. Incluso en un mundo de dibujos animados.

Y todo ello intercalado con uno de los más hermosos cantos a la cultura popular del siglo XX y lo que llevamos del XXI. The Congress es una película que se recrea en sus contradicciones, sin blancos ni negros y ni siquiera grises: todo se intercala, se interpenetra. Ese mismo juego es el que hace que el metraje se divida en tres fragmentos, pasando del ultrarrealismo casi naif de la historia principal al delirio vanguardista y lisérgico de la parte animada. La última parte, de la que no puedo hablar, es la completa el cuadro.

En definitiva, estamos ante una obra de autor que ha ignorado como pocas veces los mandatos de las colas del cine y se ha quedado con lo que realmente importa: el arte de contar una historia, sea cual sea.

 

The Congress

 

Fa-Kun

Siempre Dibujando

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